Fe y servicio en Fátima: el camino de Ciro y Morena para convertirse en colaboradores de ECYD

Desde el colegio Mano Amiga Santa María en Fátima, Ciro Fernández Ruzzo y Morena Miño se preparan para vivir un mes como colaboradores de ECYD. Detrás de esa decisión hay años de camino en la fe, muchas horas de servicio y un deseo compartido: llevar a Cristo a otros. Mientras se preparan para responder a este llamado, ambos también buscan reunir los recursos que harán posible esta experiencia de entrega.

Ciro Fernández Ruzzo y Morena Miño

Hay llamados que llegan de manera inesperada. Otros crecen lentamente, casi sin hacer ruido, hasta que un día el corazón reconoce que es momento de responder. Así ha sido el camino de Ciro Fernández Ruzzo y Morena Miño, estudiantes de cuarto año del colegio Mano Amiga Santa María, en Fátima, Argentina. Ambos comenzaron siendo niños dentro del ECYD, apostolado del Regnum Christi, y hoy sirven como responsables. Ahora, tras años de formación y apostolado, han decidido dar un paso más: regalar un mes de sus vacaciones para servir como colaboradores.

Para Ciro, el origen de esta vocación se remonta a sus primeros años y a quienes lo guiaron. «Mi camino empezó siendo niño ECYD. Gracias a mis responsables aprendí a ver a Jesús no como alguien lejano, sino como un amigo íntimo y cercano», relata el estudiante. Añade que, más adelante, al asumir el rol de responsable, tomó la tarea de «seguir profundizando en Dios y en el Evangelio», algo que hasta hoy continúa siendo una parte central de su vida.

Por su parte, Morena también repasa su recorrido con gratitud: «Mi camino por el Regnum Christi está siendo muy lindo. Actualmente soy responsable de ECYD de tercera etapa y también fui niña ECYD».

El ejemplo que encendió la chispa

Ambos jóvenes coinciden en que la decisión de dar un mes entero de servicio estuvo marcada por el testimonio directo de otros miembros de la comunidad.

«La idea de ser colaborador empezó a tomar fuerza al ver a un compañero mayor entregarse por completo a Cristo durante ese mes de servicio. Su sacrificio y todo lo que contó sobre su experiencia me marcó profundamente», recuerda Ciro sobre aquel momento que sembró en él el deseo de «entregar un mes de mi vida por algo más grande». A esto se sumó el aliento constante del entorno escolar: «Los sacerdotes que pasaron por el colegio siempre me animaron a dar este paso. Cuando llegó la propuesta formal, no dudé en dar mi sí».

En el caso de Morena, la certeza del llamado se manifestó de forma clara durante el Encuentro Nacional de Responsables de 2025. «Escuché el testimonio de dos colaboradoras que habían vuelto de servir un mes con el ECYD. Ahí sentí muy fuerte el deseo de llevar a Cristo a los niños que todavía no lo conocen o que aún no experimentaron su amor», evoca. Su meta para esta nueva etapa es firme: «Quiero estar al servicio de quienes Jesús ponga en mi camino durante ese mes y seguir formándome para crecer en mi fe».

El servicio como motor de cambio

Antes de dar la respuesta definitiva para ser colaboradores, la experiencia previa en el apostolado ya les había demostrado el poder transformador del servicio.

Ciro destaca el impacto de las misiones de Juventud Misionera, especialmente las de Semana Santa, las cuales lo acercaron de una «forma muy real al sacrificio y al amor de Jesús». Asimismo, afirma que al ser responsable de ECYD, «ver los frutos de cada encuentro y la alegría de los chicos fue una señal muy clara de hacia dónde quería ir».

En tanto, Morena rememora un hito crucial que terminó de confirmar su decisión: «Ser coordinadora de mi etapa en el Canta y Baila 2025 fue clave. El entusiasmo de las niñas, el amor y las ganas que le ponían reflejaban la inocencia y el corazón puro de Cristo. Ahí me di cuenta de que sirviendo a Jesús estoy completa».

Fe, esfuerzo y el emprendimiento «Latido Apóstol»

Responder a esta misión no solo exigió convicción espiritual, sino también enfrentar desafíos concretos como el financiamiento del viaje. Ante la dificultad económica, la respuesta fue la confianza y el trabajo en equipo junto a sus familias.

«Pensamos en familia que el tema económico no podía ser un freno cuando la misión era mucho más grande», explica Ciro. De esa convicción familiar nació Latido Apóstol, un emprendimiento dedicado a la venta de rosarios, pulseras, cadenas, anillos y diversos accesorios religiosos para costear los gastos del voluntariado. «Con el apoyo de mi familia armamos este emprendimiento. Mi hermana me ayuda con las redes sociales, participamos en ferias de emprendedores y cada venta nos acerca un poco más a este sueño», detalla.

Morena reconoce abiertamente la exigencia del proceso de preparación: «No es nada fácil, pero mantener la mirada en el objetivo, que es llevar y compartir a Jesús con más personas, es lo que me da fuerzas para seguir luchando y cumplir este anhelo que Él puso en mi corazón».

Un aprendizaje personal y comunitario

En la víspera de la partida, la preparación ya ha comenzado a rendir frutos en la madurez personal de ambos estudiantes.

«La fe me enseñó a mirar la vida de otra manera: a encontrar a Jesús en lo simple, a valorar de verdad las amistades, a ser más humilde y a luchar por aquello en lo que creo», sostiene Ciro, definiendo su meta personal: «Quiero ser un fiel soldado de Cristo y ser su instrumento».

Morena comparte una lección similar sobre la vida de fe: «Aprendí a ser más humilde y reconocer que somos comunidad y que al Cielo se llega juntos. No hay nada más lindo que saber que el otro está para ayudar en lo que sea, siendo hermanos en Cristo». Y sintetiza la actitud con la que afronta esta misión: «Siguiendo el ejemplo de Jesús, hay que hacerse pequeño para que el Señor nos haga grandes».

Un corazón dispuesto a desbordar amor

Al proyectar el mes de servicio que tienen por delante, las expectativas de ambos convergen en una misma búsqueda: la vivencia de un encuentro personal con Dios para poder transmitirlo a otros.

«Quiero que mi corazón se desborde de amor, alegría y aprendizajes. Quiero llevar servicio donde vaya y ser instrumento de Dios, con la esperanza de que, aunque llegue una sola persona, cambie su forma de ver a Cristo gracias a este tiempo de entrega», confiesa Ciro.

Morena expresa esa misma entrega sin reservas: «Espero poder encontrarme con Cristo en todo momento, dedicarle todo mi día a Él y simplemente decirle sí a todos sus planes y a su voluntad. Quiero ser instrumento de su amor».

Una invitación a no tener miedo

Con la experiencia de quien ya ha dado el paso, los jóvenes concluyen dirigiendo un mensaje a otros estudiantes que sientan una inquietud similar en sus vidas.

«No tengan miedo de dar el paso. Confíen, déjense llevar por Dios y no por sus propias dudas», anima Ciro, remarcando que «un tiempo de entrega no es un tiempo perdido: uno recibe mucho más de lo que da. Si sienten ese llamado, es porque Dios ya está preparando algo grande en sus vidas».

En la misma línea, Morena cierra con un mensaje simple y directo: «Anímense. Si Jesús puso ese deseo en tu corazón, es porque quiere regalarte cosas enormes de su mano».

A la espera del día de partir, ambos continúan su preparación mediante el trabajo, la oración y el respaldo de una comunidad que cree en su proyecto. Detrás de esta travesía no solo hay un mes de vacaciones entregado al servicio, sino una profunda historia de fe, acompañamiento familiar y la firme decisión de responder con un «sí».