Tras vivir un año de misión en Sevilla, España, Sofía regresó a Argentina con una certeza: el Señor sigue llamando a los jóvenes a dejarse enviar. En esta entrevista comparte cómo vivió su experiencia como colaboradora del Regnum Christi, los desafíos que enfrentó y los frutos que hoy descubre al volver a casa.

¿Cómo surgió la oportunidad de vivir este año como colaboradora del Regnum Christi en Sevilla?
«El Señor puso el deseo en mi corazón de ir a anunciar su Palabra. Así como a Jesucristo lo envió el Padre, y en su nombre obró todo su ministerio, así lo experimenté durante todo el año: enviada por Él a Sevilla para acompañar y formar jóvenes que conocieran a Jesús«.
¿En qué consistió concretamente tu misión?
«Un colaborador del Regnum Christi es un joven enviado por un año a evangelizar alguna parte del mundo donde haya presencia del movimiento. En mi caso, trabajé durante el curso 2025-2026 en Sevilla, en la pastoral de bachillerato del Colegio Highlands y en la sección de jóvenes. Me dediqué al acompañamiento y formación de alumnos, universitarios y profesionales».
¿Qué fue lo que más marcó tu experiencia durante este año?
«El Espíritu Santo es constante novedad, y Él va dirigiendo la misión. Fue muy lindo ser testigo, día tras día, de cómo llevaba a las jóvenes a ir más a fondo en su vida espiritual. Poder estar en primera línea para ayudarles a escuchar la voz de Dios e ir discerniendo su vida fue un regalo inmenso».
«Hubo muchas experiencias significativas, como las peregrinaciones o los retiros, pero lo que por sobre todas las cosas atesoro en el corazón es el día a día con el Señor. Dejarme mirar por Él, Vivo en el sagrario, y saberme enviada para darlo a conocer a través de una mirada, una palabra o un acto de servicio. La suma de cada uno de esos pequeños momentos hizo de este año un año inolvidable«.

¿Cuál fue el mayor desafío que encontraste?
«Salir de Argentina ya es un desafío. Cada cultura tiene lo suyo y eso hace muy enriquecedora la experiencia. Fue vivir la dinámica pascual de manera constante: salir de mí misma para darme al otro, salir de lo que quiero para descubrir lo que realmente es bueno y despojarme de mis maneras para abrirme a nuevas formas de hacer las cosas. En todo esto el rostro del Señor se fue haciendo visible en la búsqueda de la comunión y el diálogo».
Ahora que regresaste, ¿qué frutos reconoces en tu vida y con qué deseos vuelves a tu comunidad?
«Muchos dicen que el año de colaborador es una universidad para la vida, y así lo fue. Hay momentos de Cruz, momentos de dificultad, incomodidad y también momentos de Cielo. Al mirar el año completo, veo que fue darle un año al Señor para que obrara como quisiera, tanto en mi corazón como en el lugar al que me envió. Me reveló mi identidad, mi misión y mi vocación».
«Vuelvo muy ilusionada de compartir todo lo que el Señor me regaló y de seguir construyendo ese Reino de Cristo que se quiere hacer presente en lo real, en lo cotidiano y en lo pequeño. También vuelvo con la conciencia de que el Regnum Christi es familia donde sea que vaya».
¿Qué le dirías a un joven que hoy está sintiendo la inquietud de ser colaborador?
«Vale la pena, siempre que el Señor te marque que es el momento. El año solo lo sostiene el Señor, porque es Él quien te lo quiere regalar. Si tenés inquietud de lanzarte a esta experiencia, lo primero es llevarlo a la oración y hablarlo en acompañamiento con personas que la hayan vivido. Es un regalo de Dios; no hay de qué temer».



