Del 1 al 5 de abril, 20 jóvenes del Regnum Christi participaron de las misiones de Semana Santa en la parroquia Santa María de Betania, en Almagro. Durante esos días, compartieron una experiencia de vida comunitaria, formación y salida misionera, con el deseo de acercar a otros a Jesús en el marco de las celebraciones más importantes del año litúrgico.
Alojados en el Colegio de la Parroquia, organizaron sus jornadas entre momentos de oración, espacios formativos y distintas instancias de misión. Salieron por las calles del barrio para invitar a los vecinos a participar de las celebraciones, rezaron el rosario con quienes encontraban, recogieron intenciones y entregaron estampitas. También visitaron hogares de ancianos cercanos, llevando compañía, escucha y esperanza.
El lema que acompañó las misiones este año fue “Vuelve a casa”, inspirado en la parábola del hijo pródigo. Esta invitación se hizo visible en muchas de las experiencias vividas.

Nadia Solís, participante del grupo de Jóvenes Universitarios de la parroquia y parte del equipo organizador, lo expresa así:
“Lo que más me sorprendió, fue la coincidencia de muchas personas que hacía mucho no estaban viniendo a la parroquia. Que se acercaran, volvieran a intentar misionar y a prender ese fuego que por un tiempo estuvo apagado. Tuvo mucha relación con el lema que tuvimos este año en las misiones, ‘vuelve a casa’ en relación a la parábola del hijo pródigo. Fue una linda Diosidencia que volvieran a casa junto a Jesús”.
A lo largo de la misión, también pudo experimentar la cercanía de Cristo en el servicio concreto y en la vida compartida:
“Los momentos en que me sentí más cerca de Jesús fue cuando armábamos cada actividad para los misioneros y preocupándome para que salieran bien. También me sentía feliz y cerca de Él cuando veía que alguna charla o actividad les llegaba a los misioneros y los ayudaba a profundizar su relación con Jesús”.
Y agrega:
“Me llevo de estas misiones el fuego misionero totalmente renovado y un hermoso grupo que se formó. Además me llevo el compromiso de seguir compartiendo un poco de todo lo que viví con el otro, el que tengo al lado desde lo más simple y cotidiano”.
Entre quienes participaron, varios jóvenes vivieron por primera vez una experiencia misionera. Antonio Morera fue uno de ellos, motivado por el deseo de dar un paso más en su vida de fe:
“Vi el post de invitación y no dudé. Hacía tiempo que sentía que algo tenía que cambiar en mi vida de fe, que no podía seguir siguiendo al Señor de lejos. Quería dar un paso más, lograr vivir la fe en verdadera comunidad”.
Durante esos días, el encuentro con los demás, la vida en comunidad y la misión fueron transformando su experiencia:
“Con risas, comidas y momentos de formación y reflexión, fuimos acercándonos más los unos con los otros. En pocos días, sin haberlos conocido antes, podía llamarlos a todos amigos”.
También experimentó los desafíos propios de la misión, especialmente al salir al encuentro de otros en el barrio:
“Sentí pereza y un poco de miedo, quizás para algunos el interceptar personas en la calle sea algo sencillo o divertido, en mi caso, requirió total concentración. Así y todo, la experiencia fue de maravilla”.

Uno de los momentos más significativos fue su participación como acólito en la Vigilia Pascual:
“Me pidieron ser acólito en la Vigilia Pascual. No lo busqué, no lo esperaba. Y sin embargo, dije que sí… entendí que cuando uno se pone a disposición — sin saber bien cómo va a resultar — Dios hace el resto”.
Asimismo, destaca la visita a un geriátrico como un momento de encuentro con Cristo en el otro:
“Decidí no pensar demasiado. Me propuse una sola cosa: ir con una sonrisa y desearles genuinamente lo mejor, como haría Jesús. Cuando terminé y vi sus caras, sentí una satisfacción que no esperaba. No porque lo hubiera hecho bien, sino porque había dejado que algo más grande que yo actuara a través de mí”.
La Vigilia Pascual, centro de la vida cristiana, fue vivida con especial intensidad por toda la comunidad misionera, coronando días de entrega, servicio y encuentro.
Al finalizar las misiones, los jóvenes compartieron un espacio de oración y reflexión, reconociendo el paso de Dios en cada experiencia y en la vida de comunidad.
Como síntesis de lo vivido, Antonio expresa:
“Aprendí algo que no se enseña en ningún lado: que cuando uno se pone a disposición — sin garantías — Dios hace el resto”.
Las misiones de Semana Santa en Betania fueron una oportunidad para salir al encuentro de los demás y, al mismo tiempo, volver a lo esencial: la amistad con Jesús, la vida en comunidad y la alegría de una fe compartida.
