P. José Alberto Torres, LC: “Sueño con ser un sacerdote feliz. No perfecto, ¡feliz!”

A las puertas de su ordenación sacerdotal en Roma -que tuvo lugar el pasado 2 de mayo-, José Alberto Torres Mercado, LC, compartió la gratitud, la paz y la ilusión con las que vivió este momento, marcado por el deseo profundo de acercar personas a Cristo. No te pierdas este testimonio, profundo y emocionante.

Si soy sincero, siento que Dios me fue llamando mucho antes de que yo fuera capaz de darme cuenta”. Así describe P. José Alberto Torres Mercado, LC, el camino que lo ha traído hasta este momento. Una vocación que mirando hacia atrás, reconoce presente en pequeños acontecimientos, personas concretas e inquietudes que permanecían en el corazón.

No fue una llamada espectacular ni un momento aislado; fue más bien una presencia constante, paciente, que me fue seduciendo poco a poco”.

Describe sus años de formación como una historia de amor y de fidelidad, sobre todo de la fidelidad de Dios. 

“Han sido años hermosos, pero también exigentes, años donde he aprendido mucho, pero sobre todo donde he sido profundamente amado y acompañado. La comunidad, los formadores, los hermanos con los que he compartido, tantas personas encontradas en el apostolado… Todos han sido instrumentos concretos de Dios para sostener mi vocación”.

Y añade que lo que más le ha marcado es descubrir que el llamado de Dios no es a la perfección;  “Dios no llama a los perfectos, llama a personas reales, con historia, con límites, con heridas… y las transforma desde dentro. Eso me ha dado mucha paz”.

En estos días previos a su Ordenación Sacerdotal, lo que más llenó su corazón es una gratitud inmensa. 

Pienso en mi familia, en tantas personas que han rezado por mí, me han acompañado, me han sostenido… y sólo puedo decir gracias. También siento una alegría muy profunda, serena. No es euforia, es paz. La paz de saber que estoy donde Dios quiere que esté. Y sí, hay una ilusión muy concreta en mi corazón: poder ser instrumento para acercar personas a Cristo. Pensar que alguien podrá reconciliarse con Dios, encontrar consuelo, descubrir su vocación o reencontrar esperanza… y que yo pueda colaborar humildemente en eso, en saber que Dios se vale de este instrumento frágil me conmueve profundamente”. 

Al hablar del sacerdocio, lo resume como una entrega total a Cristo:

Para mí significa decirle a Cristo: ‘mi vida es tuya’. No sólo mi tiempo, no sólo mi trabajo, no sólo mis talentos… mi vida entera”.

Y vivir esa entrega dentro de la Legión de Cristo tiene también un significado especial:

Me emociona pensar que voy a poder servir a la Iglesia desde este carisma que me ha formado y me ha enseñado tanto. Le da un rostro concreto a esa entrega: vivirla como apóstol, en comunidad, con una pasión profunda por el Reino de Cristo, dentro del carisma que he aprendido a amar en el Regnum Christi”.

Cuando piensa en el futuro, no habla de grandes proyectos, sino de un deseo muy concreto:

Sueño con ser un sacerdote feliz. No perfecto; ¡feliz! Porque un sacerdote feliz habla bien de Dios”. También sueña con un sacerdocio caracterizado por la cercanía y la disponibilidad. “Sueño con una vida sencilla, disponible, sin grandes protagonismos. Me gustaría ser de esos sacerdotes que están cerca, que saben escuchar, que acompañan de verdad, que tienen tiempo para las personas”.

Para esta nueva etapa tiene una petición muy concreta que pedirle a Cristo; «Al Señor le pido algo muy simple: que no me deje nunca alejarme de Él. Que cuide mi corazón. Que no permita que me acostumbre a celebrar la misa, a predicar, a confesar. Que nunca pierda el asombro«.

Consciente de las búsquedas y heridas que viven muchas personas hoy, imagina su ministerio desde la cercanía y la escucha.

Creo profundamente que hoy muchas personas no necesitan primero respuestas; necesitan alguien que las escuche de verdad, que las mire con esperanza, que les recuerde que Dios no se ha olvidado de ellas. Me gustaría ser ese sacerdote que sabe detenerse, que no tiene prisa cuando alguien necesita ser escuchado, que acompaña procesos, que abraza heridas, que anuncia misericordia«.

Y al pensar en el fruto de su futuro sacerdocio, lo resume en una frase sencilla:

Si algún día alguien, después de encontrarse conmigo, puede decir: ‘sentí un poco más cerca a Dios’, entonces sentiré que mi sacerdocio está dando fruto”.