Entre el pasado diciembre y marzo del 2026, la sección de jóvenes de Salta vivió un periodo marcado por la intensidad apostólica, la vida comunitaria y el deseo de profundizar su relación con Cristo. A través de distintas instancias, muchos jóvenes fueron dando pasos concretos en su camino de fe, en un dinamismo que unió encuentro, misión y formación.
ECYD: renovar la amistad con Cristo

El camino comenzó en diciembre con el cierre de actividades de los equipos del ECYD de niños y niñas. En un ambiente de alegría y profundidad, renovaron su Alianza de amistad con Cristo, como fruto de un año vivido en equipo.
Tardeadas, retiros y campamentos ayudaron a preparar el corazón para este momento, generando espacios donde cada uno pudo reconocer lo vivido y disponerse a seguir creciendo. Dentro de estas instancias, destacó el Retiro Betania para los miembros de 4ª etapa. En esos días, los chicos pudieron detenerse, rezar y profundizar su amistad con Jesús, inspirados en la vida de Lázaro, Marta y María. Así, se prepararon interiormente para vivir la Navidad desde una relación más cercana con Cristo.








Juventud Misionera: Una “misión cumplida” que continúa
Del 26 al 31 de diciembre, el año cerró con una experiencia misionera en Palma Sola, donde universitarios participaron en la misión de Juventud Misionera Salta. Fueron días de entrega, servicio y encuentro, marcados por una profunda vivencia comunitaria.
Al finalizar, los mismos jóvenes expresaban con sencillez lo vivido: “una misión inolvidable”, “me llevo recuerdos muy lindos y muchas cosas aprendidas para mi relación con Dios”, “gracias por hacerlo tan especial”. En sus palabras se reflejaba la alegría, la comunión y la gratitud que atravesaron toda la experiencia.
“Misión cumplida”, decían al despedirse. Sin embargo, más allá de lo realizado, queda la certeza de que el Señor sigue obrando en cada corazón tocado y en cada misionero que volvió transformado.







Teología del Cuerpo: redescubrir la vocación al amor
El 24 de febrero de 2026, la sección de jóvenes dio inicio a la segunda edición del Curso de Teología del Cuerpo, con la participación de 53 jóvenes de entre 16 y 32 años que respondieron con entusiasmo a esta propuesta formativa.
A lo largo de nueve sesiones, profundizaron en la belleza del amor humano a la luz de la enseñanza de la Iglesia, recorriendo temas como el hombre originario, el hombre histórico, la vocación al amor, la virginidad consagrada y el matrimonio cristiano.

El impacto de este camino ya se reflejaba en los testimonios del año anterior, donde varios jóvenes ponían en palabras un cambio profundo en su manera de entender el amor y la propia vida. En primer lugar, aparecía con fuerza el descubrimiento de la propia identidad como don. “Al sabernos amados tenemos que ser don de nosotros mismos”, compartía Matías Mainoli, sintetizando una de las claves centrales del curso.
Este proceso también implicó una transformación concreta en la forma de mirar. Milagros lo expresaba con sencillez al reconocer: “yo por ahí, tenía una mirada del amor mucho más superficial”, dando cuenta de un cambio que no se queda en lo teórico, sino que toca la vida personal. A la vez, el recorrido permitió ampliar la comprensión de la vocación. En este sentido, Candelaria destacaba que fue “bueno aprender sobre todas las vocaciones, pero que la principal vocación que tenemos es la vocación al amor”, señalando el eje que unifica todo el contenido del curso.