La localidad de Buenos Aires recibe a dos nuevas colaboradoras que han decidido dedicar un año de su vida al servicio: Inés Parra, de 18 años, y Letícia Leal Estigarribia, de 20. Ambas llegan desde distintos países, pero con una misma inquietud interior: responder con generosidad a Dios.

Leticia Leal, Porto Alegre
“Sentía que debía dar más a Dios, ya que Él me da tanto, especialmente por haber puesto al Regnum Christi en mi vida, al que amo profundamente”.

Inés Parra, Ciudad de México
“Quería darle un año a Jesús, porque Dios ha sido muy bueno conmigo y me ha bendecido siempre”
Durante este año, ambas se integran a distintos apostolados en la ciudad. Letícia colaborará en programas como Forzza, ECYD y Confirmación, mientras que Inés trabajará con Reino y ECYD en Pilar. Sin embargo, más allá de las actividades, el foco está en la vida interior: “Espero entregarle todo a Jesús, hacer todo con Él, por Él y en Él”, dice Inés. Y añade: “que esta amistad que tengo con Él siga creciendo cada vez más, pudiendo servir a los demás”.
Ese mismo deseo se refleja en Letícia: “Espero acercarme más a Dios y aprovechar al máximo este tiempo para entregarme a los demás y construir una relación sólida con Jesús”. También reconoce en este año una oportunidad concreta de crecimiento personal: “Espero superar mis limitaciones y poder poner los dones que Dios me dio al servicio de esta comunidad que me recibe”.
En sus primeras semanas, ambas han experimentado la riqueza de vivir el carisma en otro país. “Me encanta que estoy conociendo el Regnum Christi de una manera diferente a la de México, pero puedo darme cuenta de que es la misma familia”, cuenta Inés.
Por su parte, Letícia destaca especialmente la acogida: “Lo que más me llama la atención son las personas. Todos son muy receptivos y buscan hacerme sentir a gusto, ayudándome también con las dificultades del idioma”.


La vida cotidiana como colaboradoras ha significado también un descubrimiento profundo. “Requiere mucha entrega de todo a Jesús”, explica Inés, “pero es muy lindo poder ir viendo regalos de Dios a través del servicio y de las personas que voy conociendo”.
Letícia coincide y profundiza: “Es una vida muy diferente. Tener medios como la misa diaria, la Hora Eucarística y estar cerca de sacerdotes y consagradas es un privilegio que muchas veces no tenía en mi rutina ordinaria”.
Sin dejar de lado los desafíos, agrega: “Hay momentos más difíciles, como levantarse temprano, los días llenos de actividades o la nostalgia de casa, pero vale la pena corresponder a este llamado y saber que Dios nos acompaña de cerca en cada momento”.
Con este año por delante, ambas comparten un mismo horizonte: ser testimonio del amor de Dios en medio de los demás. “Me encantaría poder llevar a otros este amor que siento por Dios y ayudarlos a tener este encuentro con Cristo”, afirma Inés.
Así, desde caminos distintos pero con un mismo deseo, comienzan este año de misión en Buenos Aires, confiadas en que será Dios quien guíe cada paso.









